Por: Alias Lé

La imagen de una Quito lluviosa, está lejos de ser fría. Ni siquiera porque esté hecha a blanco y negro. Lo bicromático de la escena no impide que los espectadores evoquen un universo de colores.

Son colores variados, intensos. Tal cual como la historia que se cuenta en 96 minutos, que incluye a un padre de familia exsacerdote, una madre medio vidente, una particular mujer del servicio doméstico y tres hermanas tan raras como interesantes.

Lo que algunos doctores confundieron con un virus tropical fue en realidad la vida de PowerPaola. Una artista colomboecuatoriana que relata algunos momentos de su existencia a través de unos dibujos sencillos pero potentes.

Las voces son todas maravillosas, un par o más de algunos actores colombianos famosos y otras más de unos niños y adolescentes que, con sus ocurrencias, dan ganas de reír y de llorar.

Es una hora y media de un relato simple e impactante. La historia de ese virus tropical que se convirtió en dibujante atrapa, y ocurre entre Quito y Cali.

Paolita anda en lo que andamos todos. En una búsqueda constante de uno mismo, todo eso en medio de los avatares propios de la vida. Y también en medio de una música magnífica.

El Marciano es, sin lugar a dudas, una de las mejores canciones de la película. ¿Con cuántos marcianos no nos encontramos a diario?, muchas veces cuando miramos al espejo. O también caminando por el campo o por la calle, como lo dice Amadeo González. Y, tal cual como lo dice el artista, uno no le entiende al marciano, y a veces el marciano jode y jode. Y skipiriskapiriskapiriski

Si no se entiende muy bien de qué hablo, lo mejor es no perderse ese Virus Tropical que llegó a las salas de cine el 17 de mayo. Y de pronto al salir también sientan ganas de escapar de aquí, porque esa es una suerte de vuelo, de magia, una suerte de suerte. Tal cual como lo hace PowerPaola y lo propone el marciano.