Por: Mónica Vargas

El hombre debe considerar la selva y el bosque como el sistema educacional más grande que poseemos en el Planeta, podemos hacer desaparecer todas las universidades y no habremos perdido nada, pero si perdemos el bosque, hemos perdido todo.
BILL MOLLISON

En cualquier calle de la ciudad, entre dos lozas de concreto se asoman unas hojas verdes, diciendo sin hablar que la vida es insuperable, todos las hemos visto alguna vez. En la terraza del tercer piso de una casa en Bosa, se alza erguido un amaranto –el que infiltró a Monsanto- que grita resistencia, y ahí son cada vez más los que llegan a ver cómo es que funciona la cosa.

Sandra es uno de ellos, tiene 44 años y dos hijas, la mayor es vegetariana y por eso andan buscando alternativas para cultivar en su casa algo de los alimentos que van a consumir. Ambas llegan emocionadas y no paran de preguntar mientras miran asombradas como crecen juntos los lulos, las calabazas, los tomates cherry, las lechugas, las habas, las acelgas, los pepinos y las hierbas aromáticas que le dan un olor maravilloso al espacio.

Mauricio Romero contesta cada uno de los interrogantes, explicándoles de entrada que la Huerta Rebelde que ahora visitan nació hace cinco años y que, aunque el combo base es de ocho, cada vez son más los que se unen a la gran familia que se ha formado en torno a las siembras citadinas. “Lo que queremos es ser productivos en el menor espacio posible para que esto en realidad impacte la economía de los hogares, mejor dicho, que por lo menos la ensalada salga de lo que se cultive en su propia huerta”, señala sin perder ni por un segundo la emoción que le produce hablar de un sueño al que ha visto crecer, tal como crecen las plantas del lugar, con cuidados y abono.

Entre lo que son capaces de hacer está eso de diseñar y construir su huerta en un balcón, una pared, una terraza, un conjunto o una finca, además de dictar talleres para todos los interesados en conocer el proceso de siembra. Pero hacen mucho más que eso. Ellos enseñan haciendo y, como dice Mauricio, “cuando se hace se dice dos veces y se dice solo”, pero más allá de eso son una muestra clara de que los vínculos comunitarios son posibles y necesarios.

Sandra, por ejemplo, recuerda cómo cuando era niña el plan en Bosa era ir a las fincas para recoger los cultivos de habichuelas, arveja y tomate, y cuenta cómo mientras los papás realizaban esa labor, los niños jugaban felices, juntos y no metidos en un celular o una tableta. Pero donde antes había verde ahora hay cemento, sin embargo, como apunta Mauricio, “la tierra está en todas partes. Las mismas plantas y la naturaleza se toman los espacios. Un tomate puede crecer en un separador en la ciudad pero nosotros ni siquiera los conocemos”.

Por eso parte del trabajo de la Huerta Rebelde consiste en hacer pedagogía sobre las plantas, en dotar a las comunidades de herramientas prácticas y saberes para el desarrollo autosostenible que, aunque en la ciudad no va a ser completamente posible, sí se pueden dar pasos en el sentido de generar un impacto real en la economía.

“De un pequeño espacio podemos comer muy bien. Entre las grietas de cemento crecen flores, crece la vida. La lucha empieza por una semilla, ahí está el cambio”, asegura Mauricio. Y entonces las miradas se dirigen al amaranto rojo que adorna una de las esquinas de la Huerta Rebelde. El mismo amaranto que los Incas sembraban y que consideraban sagrado, que es de alto valor nutricional y que llegó a los cultivos de soya estadounidenses para demostrar que la infalibilidad que vende Monsanto con los cultivos transgénicos está muy lejos de ser real, y por eso muchos campesinos del país del norte están volviendo a la agricultura tradicional.

Además de querer cambiar esa visión de ciudad en la que se pone pasto y ya, teniendo en cuenta además que el 70 por ciento de la población mundial ya es urbana y que aunque por ahora las ciudades solo consumen pero eso podría cambiar, Huerta Rebelde también trabaja en las zonas rurales. “En el campo también hay una búsqueda. Hace algunas generaciones se sembraba para mantener la familia pero luego hay una ruptura, entonces ahora hay monocultivos pero nosotros les contamos que puede ser diferente porque lo más importante es garantizar la alimentación propia”, puntualiza Mauricio.

Los talleres

Huerta Rebelde explica que están organizando los talleres del primer semestre. En el primer módulo, les explicamos qué se puede hacer de acuerdo con el espacio que cada uno tiene. Es decir, les enseñamos a cómo ser más productivos en el sitio que tengan, así sea muy pequeño. En el segundo módulo se conocen las plantas, con una visita guiada a la huerta del Jardín Botánico. En el tercer módulo se dice cómo puede ser la infraestructura de la huerta. Y también hay un taller de bombas de semillas.