Por: Kokotero


 

Era parte de un viaje que planeaba hacer desde Bogotá hacia México, recorrer toda la costa colombiana desde Sapzurro hasta llegar a Venezuela, allí comenzaría la navegación en bote por todas las Antillas, pasando indudablemente por Barbados, Islas Vírgenes, Puerto Rico, Haití, Jamaica y Cuba. No sabía cómo ni con que, el viaje fluye y el dinero no es impedimento pues siempre se necesita alguien que pique la cebolla, lave la loza, mate ratas o que solo haga compañía. Todo es posible en el camino, el dinero es una barrera mental, trabajar cada espacio y truequear en otros lugares es la base del nómada, por naturaleza está en nuestros genes, es parte de nosotros como evolución del Homo Sapiens, por eso cuando vemos a un viajero se activan nuestras neuronas espejo: lo ayudamos o sentimos envidia, dentro nuestro es lo que más queremos también, tomar la maleta y recorrer el planeta. 

 

“Mapa guía del recorrido a hacer. En esa temporada no se escuchaba nada de huracanes”

 

En mi último regreso a Colombia sentí una sensación realmente contradictoria a las experiencias de aquel viaje, el desapego que había logrado obtener se desvaneció con la simple idea de que no tenía un lugar propio al cual llegar con mi compañera de viaje en un espacio que consideraba “mi país”. Por cuestiones de la vida terminé con mi compañera y decidí trabajar unos meses en la capital de Colombia; este dinero lo ahorré pensando en comprar algún terreno en mi próximo viaje, y ahora iba a viajar por varios países del caribe, indudablemente son paraísos para echar raíces.

2 años y 10 meses después y no he terminado el recorrido, es más ni siquiera he salido de Colombia, encontré en las zonas aledañas a la Sierra Nevada de Santa Marta un lugar mágico y perfecto para vivir, y más que eso una razón de vida, esta zona necesita de la consciencia colectiva del mundo entero, no por nada es considerada el corazón del mundo por las comunidades indígenas que cientos de años después de la colonización aún siguen acá. Ahora para mi es un hogar también, ya no importa a dónde viaje, siempre querré volver a respirar esta sensación de pureza. Ríos, manglares, bosques húmedos, montaña, mar, toda la mayor biodiversidad concentrada en un espacio tan pequeño, realmente es un corazón que late por sobrevivir en un mundo que solo quiere sacar provecho de la riqueza natural sin retribuir nada a cambio, sin ser conscientes del trato que se le da a la tierra y al agua. Hoy la Sierra Nevada lucha por seguir contribuyendo vida al planeta entre millonarios que han violado estas tierras destruyendo biodiversidades enteras que son imposibles de recuperar, estas historias de empresarios que quieren construir hidroeléctricas, privatizar parques nacionales, edificar en zonas sagradas, construir carreteras para multiplicar la minería y disfrazarla de turismo, adentrarse en tierras sagradas para multiplicar y meter turismo donde nunca hubo, discriminar campesinos, seguir con robos gubernamentales, dar permisos que vulneran el futuro del medio ambiente: como las plataneras que hace más de 15 años andan destruyendo legalmente tierra fértil y contaminando ríos. Estas y más son realidades que tienen que ser contadas, y que ahora ustedes leerán en esta columna que busca describir algo del capítulo de esta zona del planeta en la historia del mundo.

“Capurganá golfo de Urabá. Letreros llenos de huecos de balas al lado de un mar colorido, ironía hecha lugar, marca del pasado que se vivió en esta área que indudablemente emana paz”

 

 

 

 

 

“Necoclí tiene Plaza de Mercado con comedor, restaurantes con sabores únicos y olvidados. Atardeceres y amaneceres increíbles, con sol y luna bajo el mismo mar”

 

 

 

“Isla Múcura en el archipiélago de San Bernardo. Estamos llenos de lugares tan paradisíacos que al final termina difícil decidir donde quedarse más días, o la vida entera”

 

 

 

 

 

“Playa de Buritaca, con vista de la Sierra Nevada de Santa Marta en medio del Río Buritaca y el Mar caribe. Vista espectacular, biodiversidad única en el mundo.