Ilustración de: Zumbambico

Desenmarañando el telar es una propuesta ético-política de un grupo de mujeres feministas, que nos hemos estado preguntando por el fenómeno de los telares, con más especificidad, por la manera en la que está ocurriendo en algunos lugares de Colombia. Entre nosotras hay quienes hemos sido invitadas varias veces y hemos accedido a los primeros pasos del telar -antes de entregar el dinero-, quienes hemos hecho parte y hemos decidido parar antes de dañar a otras mujeres, quienes hemos sido llamadas a participar y hemos dado por respuesta una negativa, y quienes, sin invitación, creemos también que este tipo de sistema enmaraña más que una estafa.

El ejercicio que estamos haciendo tiene que ver con nuestro derecho a la información y, más allá, con nuestro derecho a la reflexión, aspectos fundamentales para que podamos tomar decisiones. Como mujeres-feministas que, desde diferentes experiencias, resaltamos el valor de la espiritualidad, vemos en la razón, la duda y la crítica, aliadas fundamentales para poder discernir las situaciones que se nos presentan.

Precisamente por ello, uno de los primeros puntos que queremos resaltar como “sospechosos” de este modelo, es que su funcionamiento esté ligado al mantener secretos sobre la participación, así como a la imposibilidad de cuestionar o dudar del mismo, tanto para quienes están adentro, porque dudar significa “estar cerrada a la abundancia”, como para quienes estamos afuera, porque “ponemos en riesgo la economía de muchas mujeres”.

Para nosotras es evidente que el modelo del telar, fractal, flor, mandala, etc…, es un sistema de inversión tipo Ponzi, una pirámide, una forma de especulación del capital económico, que se oculta bajo un lenguaje “mágico”, “místico” o “espiritual”, ligado a una supuesta intención feminista de creación de red de mujeres para el “empoderamiento”, que aparentemente tiene como base una propuesta económica “anticapitalista” y “solidaria”.

No hay que perder de vista que es una forma de vinculación en la que hay que pagar para pertenecer a determinada red, en la que, además de “regalar”-“invertir”, debes llevar a nuevas mujeres para que aporten económicamente. La promesa: “regalas” dinero (oscila entre 200.000 y 15’000.000 de pesos) para recibirlo multiplicado ocho veces. En el camino, tienes un “curso de empoderamiento”, ligado a la energía femenina, que alude a los ciclos naturales y a los elementos (fuego, viento, tierra
y agua), a cierta “vuelta” a la tradición oral y que conecta con ese sentir colectivo de reencontrarse con los “saberes ancestrales” e idear maneras de traerlos a nuestra cotidianidad.

Como ya se ha hecho evidente en varias investigaciones y artículos de prensa, este modelo es insostenible, puesto que depende de que siempre estén entrando nuevas inversoras, de lo contrario, se cae. Es un sistema exponencial, se necesitaría un número infinito de personas para que los telares no se rompieran y las mujeres no “perdieran su regalo”. Ni siquiera haciendo que las primeras mujeres involucradas regresen e inviertan nuevamente una y otra vez se podría garantizar que todos los telares  funcionen. De hecho, muchas de las historias de ganancia-“abundancia” de quienes se ven beneficiadas por este sistema, se deben a las muchas historias de pérdida de otras mujeres.

Respecto a este fenómeno tenemos muchas preguntas y algunos comentarios sobre lo que creemos son “mitos” del telar, puesto que dudamos de que sea una apuesta feminista, espiritual y de economía solidaria, aunque se haga en nombre de esto. ¿Por qué el secreto como base de la confianza? ¿Por qué el dogma como base de la espiritualidad? ¿Por qué un modelo que se basa en la especulación económica -de hecho fundamental para el capitalismo- como base de una economía solidaria? ¿Por qué la sororidad -hermandad entre mujeres- tiene como requisito el pagar una cuota de dinero? ¿Quiénes pueden darse el lujo de “regalar” (perder) las altas sumas de dinero que se piden en algunos de los telares? ¿Quiénes deben endeudarse para poder acceder a este tipo de modelos “solidarios”? ¿Cómo funcionan aquí los préstamos que se hacen a las mujeres que no tienen el dinero para pagar el telar, sobre todo, cuando no “logran” multiplicar el capital invertido? ¿Por qué se
establece una relación directa entre lograr hacer realidad los sueños y el dinero? ¿Qué ocurre con las mujeres que dan su dinero, creyendo que se va a multiplicar ocho veces, y lo pierden? ¿Cómo se vive esa pérdida? ¿Qué hacen las demás “telarinas”/“tejedoras” cuando un grupo de mujeres pierde su inversión? ¿Dan de su bolsillo y la ayudan “sororamente”? ¿Por qué cuando hemos cuestionado este modelo se nos responde agresivamente y se nos tilda de “no preparadas” para entenderlo? ¿Cómo se relaciona esto con las ideas del éxito vinculadas a la acumulación del capital? ¿En qué contextos se
hacen fuertes estos modelos? ¿Por qué se habla en muchos de estos mandalas en términos de dólares?

Entre las contradicciones más importantes que encontramos en el telar, está el hecho de que su funcionamiento parte del dinero, sin embargo, esto es diluido y ocultado una y otra vez por medio del lenguaje de “empoderamiento”, “colectividad” y “misticismo”. Para nosotras es claro que el dinero importa y que, teniendo en cuenta las realidades materiales de las mujeres en Colombia, “regalar”, digamos, 4’000.000 millones de pesos, para que otra persona logre alcanzar sus sueños, no es algo sencillo. ¿Qué tipo de estructura narrativa puede sostener el telar, para que, si tenemos deudas o situaciones urgentes de dinero por resolver, de verdad podamos sentir que está bien haber regalado una suma de ese porte?

Esta estructura nos invita a cuestionarnos sobre un asunto que es fundamental seguir abordando y visbilizando: la relación de las mujeres con la economía. Esto, ya que el modelo está íntimamente relacionado con la “multiplicación del dinero” de forma rapidísima y con la acumulación de este por parte de algunas de las inversoras. Mientras unas logran “alcanzar su sueño” y “abrirse a la abundancia” (mujeres agua), otras quedan a medio camino y ven afectada su economía, es decir “están bloqueadas”, “tienen dudas”, “no hicieron el trabajo personal necesario para recibir”.

Es la misma promesa del capitalismo, los sueños y libertades se obtienen a través de dinero, pero, para que ocurra esto, el sustrato es la pérdida de los sueños y libertades de otrxs. Aquí hay un abandono y un desentendimiento, enmascarados en: “no perdiste porque el sistema es para que unas ganen y otras no, perdiste porque no estás lo suficientemente conectada con tu abundancia, confianza, prosperidad y amor propio”. Esto nos parece cruel y poco amoroso, sororo o feminista. Manosear y menospreciar la vulnerabilidad, los sueños, la confianza y el merecimiento de las mujeres ya lo hace el capitalismo, que lo hagamos entre nosotras es perverso y poco ético.

En este sentido, consideramos que es necesario visibilizar el impacto que tiene este modelo en la salud mental y emocional de las mujeres que se involucran o participan de estos espacios, puesto que aquí se ponen en juego sus necesidades, carencias, asuntos por resolver, así como sus proyectos, sueños y deseos, entre los cuales, para muchas, está la voluntad real de que los vínculos entre mujeres puedan transformar el mundo. Es decir, este es un modelo que nos implica pensar más allá de sujetxs estafadorxs-estafadxs, porque están involucradas intenciones colectivas de que realmente las mujeres tengamos mejores condiciones materiales, pero ¿a costa de qué? Es por esto que no estamos a favor de las medidas tomadas por la Superintendencia, es decir, de la punición de las mujeres, puesto que muchas de las participantes realmente no tienen intención de dañar a otras (no estamos hablando de todas), por ello es importante mirar los demás componentes de este esquema en particular.

Frases como “el telar es vida”, “lo que vives en el telar es el reflejo de quien eres”, pueden cargar a las mujeres con las expectativas propias y ajenas respecto al éxito, el trabajo personal, el compromiso, el cumplimiento y la pertenencia. Frente a esto, consideramos que los procesos de autoconocimiento, conexión entre mujeres, construcción de confianza y amor colectivos no son instantáneos ni fáciles, sino que, como procesos, toman sus tiempos y estos no son los mismos para todas las mujeres, ya que tenemos experiencias diferentes. De igual manera, creemos que las conexiones entre nosotras, cuando involucran lo material, deben consistir en intercambios justos, en donde honremos el trabajo y creatividad de las demás. Así mismo, estamos seguras de que no todos nuestros sueños se traducen en dinero, mucho menos los sueños colectivos feministas.

También sentimos que la invisibilización de que los errores matemáticos de ese sistema son los que producen la dificultad de que muchas mujeres no reciban su dinero multiplicado, es volver a poner una y otra vez “la culpa” sobre los hombros de las mujeres no favorecidas por cierta estructura.

Para muchas feministas hoy el autocuidado, la sanación y la atención a nuestro cuerpo y a nuestra espiritualidad son fundamentales en las luchas por la justicia. Por ello muchas hemos volcado nuestros intereses en otras formas de conocimiento del mundo, para intentar incorporarlas en nuestra vida cotidiana y en nuestras alianzas colectivas. Precisamente en estos telares encontramos un uso dudoso de términos, teorías, pensamientos y propuestas que aluden a la sanación, puesto que el lenguaje que da sentido a dicho modelo económico refuerza una estructura jerárquica ocultada en flor o círculo. Esto lo vemos en los grados que sustentan el sistema, tales como “hermana mayor”, en aspiraciones como la “consagración” e incluso en la disposición misma de las mujeres como elementos, siendo el Agua la más poderosa y el Fuego la recién aprendiz. Este lenguaje místicoespiritual, además, manipula el sistema de creencias de quienes allí participan. En síntesis, se esconden los dispositivos de poder que producen esta estructura.

Creyendo en el conflicto como posibilitador de encuentros entre posiciones divergentes, pensamos que es muy importante el escuchar-nos entre mujeres que tenemos opiniones y experiencias distintas sobre los telares, intentando respetarnos. Esto último, fundamentalmente eliminando de los argumentos la apelación a la “ignorancia” de las otras para deslegitimar uno u otro punto de vista. Nuestra pregunta es si podemos pensar en formas de relacionarnos entre nosotras, en este sistema económico, de tal manera que se dé lugar y existencia a nuestras propias contradicciones y emociones en su amplio espectro.

Finalmente, creemos que está en nuestras manos el tejer entre diferentes mujeres ejercicios y prácticas de apoyo emocional y económico, en los que se honre profundamente a cada una de las personas involucradas, así como sus saberes, ideas, creatividad, proceso personal y sueños.