Por: ANITZIRK

Fumo dos plones. Pongo la música al mayor volumen posible, porque hay que aprovechar que estoy sola. Ya empieza a hacer efecto el tetrahidrocanabinnol, y la música me entra por los poros. Extiendo la cobija gris suave que me regaló Narura por no sé qué pedido, me miro al espejo y al verme tan sensual y tan violenta me empiezo a quitar lentamente la ropa. Cuando ya me he acariciado las piernas la cadera y los senos lo suficiente, busco en el tarro detrás de las pañoletas mi juguete más preciado. Ya estaba húmeda cuando me lo metí así que entró sin problema, cierro los ojos y me acuerdo cuando me rascaba la espalda, cuando me despertaba a media noche con miedo y lo abrazaba, me acuerdo de su cara de lelo cuando me veía venir, me acuerdo de todos los andenes donde tomábamos Old Jhon, de las calles, de las palabras y de una que otra persona. Subo la velocidad del vibrador, ojos de luna. Me volteo boca abajo y siento el olor de su piel por un momento, acelero la respiración, "te amo"…. Me vengo. Caigo exhausta y con el túnel del carpo a reventar. Inhalo fuerte y me anclo en la almohada para llorar, enloquezco por un momento y me resigno a la realidad: me visto con la misma amargura de las mañanas a las 4 a.m. y me arropo con la cobija gris que me recuerda su olor. Sueño largo contigo, cogidos de la mano y me despierto a media noche asustada, pero ya no hay nadie a quien abrazar.