Por: ANITZIRK

Todo, nada, caos, calma. Respiraba profundo cada vez que alguien le preguntaba para ella qué era el amor y cómo podía acostarse siempre con tantas personas, pero amarlo solamente a él. Ella era extraña, un ser casi extraterrestre que no espera la meditación y el análisis potencial de consecuencias para realizar una acción, su miedo era nulo y su transparencia irremediablemente inapropiada. Yo la veía desde la cama, le acariciaba el pelo y el alma, le decía que adoptaríamos un perro, tendríamos una casa grande donde pudiera ejecutar todas las ideas llenas de hilos y cartones que su retorcida creatividad le dictara, y no tendría que lavar ropa, ni loza, ni siquiera el baño. Nos la pasábamos fantaseando sobre el futuro, sobre lo que en realidad quería mi corazón (que en realidad era a ella), sobre ponerle ruedas al mundo y empezar a andar, sobre mi idea de familia feliz, de una pareja, dos hijos y un perro, sobre el aburrimiento y la abulia, sobre sus poderes brujeriles y la vez que afirmó haber visto un hada a pesar que siempre terminaba llorando porque nadie le creía. Sonaba el despertador y yo amarraba su cintura con mis piernas, esperando a que empezáramos el día con guerra de almohadas, pero ella retiraba el obstáculo como un zombie, paraba el despertador y volvía a la cama por los 10 sagrados minutos más, término en el cual abría bien los ojos, me lamía la cara, me mordía en un hombro y me decía lo hermosa que me veía con mis “pelos rebeldes”.

¿Qué sería de nosotros si tuviéramos la opción de escoger un camino y luego retroceder la película para tomar otro?  he pensado que el amor es algo difícil: todas las personas se extrañan al ver mi forma de girar por la rueda, dicen que soy una maldita puta, pervertida, que jamás tendré un hogar y que pasaré mis últimos días hundida en enfermedades como la cirrosis, la demencia senil, el cáncer de pulmón y tal vez un SIDA (o alguna venérea): es obvio que esta sea la consecuencia de mis actos, pero la demencia senil me hará olvidar que acabo de comer y tal vez también del cáncer de pulmón y todo lo demás, por eso me relajo. Siempre y nunca son palabras que utilizo todo el tiempo, pero sé que son las más inadecuadas para describir la realidad, porque tienen un carácter absoluto que no se encuentra compatible con el significado de la vida misma: nunca sabremos todo ni llegaremos a ser nada, tautologías descompuestas por mis hondas horas de insomnio, valium y coca de “siempre”. Él sabe que lo amo. Él es la representación de todo lo bueno y lo bello que existe en el mundo: veo sus ojos en las pupilas de todos los hombres y las mujeres que me dicen te amo, veo sus piernas sabor a menta en la prostituta olor a aceite Johnson’s, su cara de malgenio en el niño de la pataleta de la esquina, sus sabores siempre me deleitan, están en un cono de Crepes and Wafles de arequipe, o en el sonido de la banda sonora de Transpotting, su imagen está en la nariz partida del hombre con el que me elevo de vez en cuando, en los dientes torcidos de los perros lobo, en las pestañas que generaban intensidad en la mirada, la calidez y transparencia de su alma. Me había enamorado perdidamente de ese ser que habitaba todos los cuerpos que poseía, de todo lo hermoso de todas las personas, por eso me llamaban puta, antagonista del alma. Me había derretido ante sus pies morenos, castaños y blancos, en sus piernas sin depilar y en su trasero alopécico, en sus labios de moral distraída, en sus tatuajes y su piel inmaculada, en la sensación de vacío que se generaba antes de cada encuentro. Entraba en mi mente como el amor platónico de preadolescente, así como en mi cama de amante furtiva, me quitaba lentamente la ropa mientras sus manos rozaban mi espalda, su lengua erizaba mi alma y sus gemidos eran un álbum interminable de gestos y ademanes que me dedicaría a coleccionar. Ella a veces sentía envidia de mi estado interminable de melancolía, era el plano material donde todo era posible, era la representación del sueño de cualquier adolescente, era todo lo que yo nunca hubiera podido ser: era normal (lo único anormal en ella era la forma despiadada como me veneraba), pero quería tener una casa con perro, familia y un trabajo estable, ¿quién rayos con un poco de lógica quiere eso en estos tiempos?