Por Mary Lou

Hace unos dĂ­as compartimos a travĂ©s de nuestra plataforma el crowdfunding con el que las artistas de la histĂłrica ciudad de Puerto Padre, en la isla mĂĄgica de Cuba, buscaban recaudar fondos para poder realizar el Festival Cultural Comunitario. Hoy estamos felices porque ademĂĄs de que nos contaron que lo lograron, una de ellas nos enviĂł un cuento donde nos relata cĂłmo por los caprichos del azar y, sobre todo, el poder de cohesiĂłn del arte, ella –guantanamera viviendo en La Habana- se dio cuenta de que era prima de una de las mujeres de Puerto Padre, en el otro extremo de la isla. Este es el cuento, y la maravillosa historia de la casualidad. De paso aprovechamos para invitarlos a seguir el festival en Facebook: https://www.facebook.com/apuertopadremevoyfestival/, para que se animen a ir.

HabĂ­a una vez… habĂ­a en realidad dos veces:

Una guantabanera y una puertoholguinera.

Una guantabanera creciendo en La Habana y una puertopadrense creciendo en Holguín. No iban a conocerse nunca pero sucedió. “Es caprichoso el azar” dice Serrat y ellas le creen.

Esta historia puede continuar y ponerse peor, peor de divagadora, peor de plomiza; porque hay que caminar muchos años de espalda y ver los hechos pasar con esta óptica otra de la nostalgia.

La verdad es que yo soy la puertoholguinera y que esta historia/crónica/cuento/dilatación absoluta, siempre me va a parecer mejor en una décima de la guantabanera.

Nos conocimos 5 años atrĂĄs en una carrera de Drama, que no sabemos si una de las dos va a terminar algĂșn dĂ­a.

Tampoco entonces sabíamos que íbamos a ser amigas, era la época de la adolescencia tardía. Nos tuvo que suceder la vida. ¥Qué transcendental me pongo! (Como se deben reír de mí, pero insisten en que sea yo quien cuente la historia)

Nos tuvo que suceder la vida y un dĂ­a en nuestro grupo en WhatsApp (convertido en nuestra cafeterĂ­a, cervecera, mesa de trabajo, donde nos ponemos bravas, brujas, bĂĄrbaras, emprendedoras…) nos descubrimos.

Ese dĂ­a, digo ayer, hablĂĄbamos de altruismo y yo menciono a un tĂ­o/primo estandarte de la familia, un puertohabanero que se llamĂł JosĂ© Antonio Roche, un ser de otro planeta, que salĂ­a por la TV, que, segĂșn yo, inventĂł el 166 y las tarjetas propias, les cuento por si lo recuerdan y salta la guantabanera y me dice:

“Nathaly, esto no es para que no duermas hoy, pero creo que tĂș y yo somos familia”

Y todo empieza a cobrar cierto sentido y los hechos empiezan a cobrar un orden mĂĄgico y descubrimos que sĂ­, que un dĂ­a un antepasado Roche se casĂł con una antepasado Celorrio y que los Roche y los Celorrio son apellidos de una sola familia y que son de VĂĄsquez un pueblito de Puerto Padre, donde nacieron nuestros abuelos narradores orales, cantores, caballeros.

Y comienza explicarse el aquĂ­ y el ahora y este grupo de WhatsApp, que sabe de duendes y de madrugadas, nos envĂ­a a hablar por el privado porque hay un crowdfunding que sacar adelante y un A Puerto Padre me voy el año siguiente y nosotras sacando el ĂĄrbol genealĂłgico, llamando a la familia…

Eso, que somos primas terceras por parte de Puerto Padre.

Todo comenzó mucho antes de lo que pensåbamos, y ahora estamos aquí on-line, off-line, crowdfundiando con nuestras historias personales, compartiendo las cosas bonitas que nos regala el día, buscando realizar un sueño, otro sueño, cambiar el mundo.