Por: Mónica Vargas

La señorita María Luisa Fuentes de entrada parece seria, pero cuando se ríe, se ríe con todas las ganas. Sus carcajadas son auténticas. Así, como es ella, que a veces anda en falda y otras en vestido, algunas con trenzas y otras de pelo suelto; a veces llevando medias veladas y otras a pierna pelada.

En breve, y sin conocernos a fondo -¿cuándo realmente se logra eso con alguien?-, esta campesina boyacense se ha convertido en una de mis mujeres favoritas. Ser mujer es muy distinto de ser hombre; ni mejor ni peor, simplemente diferente.

Pero cuando las que deciden ser “ellas” nacen en un cuerpo que indicaría lo contrario, la cosa se pone jodida. Ella lo eligió, María Luisa eligió ser una de nosotras pese a que su complexión al llegar a este mundo, específicamente a Boavita en Boyacá, contradijera su identidad.

Y es que además de elegirlo ha tenido que lucharlo. Así como lo hacen “ellas”, las que nacen en el cuerpo que indicaría lo contrario. Por eso en sus 45 años de vida ha aprendido, tal vez hasta sin siquiera ser muy consciente de ello, a hacer de la falda su bandera. La bandera de esas batallas silenciosas y potentes que ha tenido que librar en las calles de uno de los pueblos más godos de Colombia, en el que una de sus veredas, la Chulavita, será recordada en la historia como ese sitio en el que surgieron las bandas armadas de origen conservador que aterrorizaron a tantos.

Ahí ha andado siempre la señorita, en medio de insultos y burlas, yendo de su casa a la iglesia y de la iglesia a su casa. “La santísima virgen nunca usó pantalones, ella nunca. Siempre con sus vestidos. Yo amo mis faldas. Odio los pantalones”, dice la señorita, tan devota de la madre de un Cristo que, antes de morir en la cruz, nos pidió amarnos los unos a los otros.

 Hace algunos días, luego de que la fama le llegara por cuenta de un documental de Rubén Mendoza en el que ella es la protagonista, María Luisa –nombre que ella misma eligió a sus 18 años-, aseguró en una glamurosa revista de la que fue portada, que no sabe qué es el amor. Yo difiero completamente.

Si no es amor resistir, persistir y subsistir a los señalamientos de quienes creen tener el derecho a decir qué se puede o no se puede ser, no sé qué pueda serlo. Si no es amor armarse de una falda para gritarle al mundo lo que se es, sin necesidad de alzar la voz que además la tiene suavecita y dulce, no sé qué pueda serlo.

Desde hace siete años, en 2010, cuando Mendoza logró seducirla para que contara su historia en la cinta, la vida de María Luisa ha venido cambiando vertiginosamente. Ahora, por ejemplo, tiene un parche de amigos que no tienen lío con lo que ella es.

Pero más allá de lo que pueda pasar con ella –que no deja de ser maravilloso-, está lo que pasa con los que vemos esos 90 minutos de valentía y sinceridad en los que una mujer campesina y hermosa, muy hermosa, se mantiene en lo que es y, con una inocencia indescriptible y conmovedora, nos da una lección de autenticidad invaluable.

Todo ello en estos tiempos de falsedad en los que, el miedo a ser lo que realmente queremos ser nos pone encima mil máscaras, que terminamos queriendo y hasta sintiéndolas nuestras aliadas. Se puede otra cosa, se puede ser lo que se quiere ser. La señorita María Luisa Fuentes llegó a la fama para recordarnos eso.

No te pierdas el documental de Rubén Mendoza en las salas de cine a partir del 23 de noviembre.