Janitzio Ramos nació hace 29 años en el municipio de San Pedro Pochutla, en un rincón de ese sitio donde el norte del continente Americano está a punto de morir para convertirse en la cintura estrecha y compleja que lo conecta con el sur.

Este fotógrafo empírico pasa sus días en la playa de Ventanilla, en Oaxaca, México, trabajando con la cooperativa Lagarto y su comunidad Santa María Tonameca, en –como él mismo lo describe- “un rincón costeño” de su país.

“Somos afortunados de tener un ecosistema de manglar”, cuenta Janitzio al tiempo que, explica, “es ahí donde nace ese interés de conservar y apreciar la naturaleza”.

Este mexicano que dedica su tiempo a su cámara, el turismo de su región y su compañera Mari Cortez, ha fotografiado particularmente esas tierras mágicas en las que nació. Y esto nos cuenta de ellas.

En la laguna podemos encontrar una exuberante flora y fauna silvestre, como son dos especies de manglares, mangle blanco (laguncularia racemoza) mangle rojo (Rhizophora mangle) y flores como lirios, azucenas y majaguas, además de aves de diferentes especies, tortugas de agua dulce, iguanas y como atractivo peculiar, los cocodrilos.

Practicamos el verdadero ecoturismo ya que para disfrutar de ellos abordamos botes que son impulsados a remo de madera para no contaminar o asustar a las especies ya que tratamos de hacer el menor impacto posible en el lugar.

Con el paso del tiempo y de los años empecé a darme cuenta que se podía reforzar mi gusto por la naturaleza con la fotografía, gracias a un grupo de amigos, turistas fotógrafos, de la Ciudad de México: JC. Gordoa y María de los Ángeles y, por supuesto, el apoyo de mi esposa Mari Cortez.

Yo me llamo afortunado de haber nacido en costa oaxaqueña, de escuchar el ruido del mar y el soplido del viento, el sonido de los árboles, el cantar de las aves; de poder caminar por sus playas acompañado de una hermosa puesta de sol, cuando es inevitable que los ojos se resistan a sus cálidos rayos, penetrando en tu rostro y, sin pronunciar palabra, que un largo suspiro exprese esa satisfacción.

Yo sé que no soy el único en el mundo en tener esa pasión por la fotografía, pero es algo que disfruto porque siento cómo la naturaleza trata de hablarte a través de esos momentos, al estar en contacto con la naturaleza. Una forma, además, de la que estoy seguro se podría hacer entender a las personas que el dinero no se puede comer.

Nuestra inconciencia humana está acabando con la vida. ¿Dónde carajos está esa educación ambiental? Yo sé que, a ese respecto, también cometí muchos errores, como todo ser humano, por eso ahora quiero hacer algo útil.

Si tengo la oportunidad que me da Dios, quiero mostrarle al mundo lo bella que es la naturaleza y que podemos disfrutarla y aprovecharla sin necesidad de tocarla o destruirla. Y es ahí donde la fotografía se hace un medio de dar a conocer la riqueza de nuestro estado de Oaxaca.

Antes utilizaba una cámara prestada del trabajo pero al saber que no podía usarla fuera de allí, para las cosas que yo realmente deseaba hacer, decidí comprar una cámara fotográfica con mis propinas y mis ahorros, y con la ayuda de mi esposa. Cuando pude obtenerla, ahí aprendí que los sueños sí se logran y que cuando estés dispuesto a luchar, y sea el gusto que tu quieres -o como yo digo esa pasión por obtener algo- no existen las barreras ni los obstáculos. Cada que tengo la oportunidad de visitar un destino turístico de esta zona mexicana, primero lo disfruto con mis ojos y después con el ojo de mi cámara.