Por: Gabriel Toquica

E n medio de aquella perpetua noche, el resplandor de la luna denotaba en las trenzas de Nathifa el escabroso y temible camino a la indómita libertad. Disparos de culebrinas y ladridos de perros de caza enmarcaban una sinfonía de muerte mientras aquella familia chocuano-africana huía de su inhumano destino. La mañana emergió entre las sombras sin memoria y el brillo en los ojos de aquellos sobrevivientes permaneció en la retina de una historia patria sin gloria ni júbilo, una tierra cargada con las cenizas de héroes anónimos  y cadáveres de patriotas que se funden en medio de lápidas sin versos.