Por: Rosa María Fernández

La insólita obra, concluida causalmente en 1959 e instalada seis años después, es simbólica. Fue esculpida por Anna Vaughn Hyatt Huntington, (10 de marzo de 1876- 4 de octubre de 1973) artista estadounidense que estudió muy bien y expresó con ternura el momento de la caída y muerte de José Martí.

El prócer cubano, fue figura prominente de la literatura hispanoamericana, símbolo del ideal de amor a la libertad, la amistad, la lealtad y la unión entre las naciones. La efigie quedó inaugurada en el Centro Histórico de la Capital cubana. Un acto solemne develó el momento histórico, el 28 de enero de 2018, como homenaje al natalicio 165 del Héroe Nacional de Cuba. Precedido por una Marcha nocturna de antorchas portadas, como cada año, por los universitarios, y cantatas madrugadoras de su intensa poesía, en gargantas de pueblo y artistas inspirados.

En días como hoy, pudiera ser más necesario el pensamiento de Martí. Justamente el estado de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos no permitió en 1959, año en que triunfa la Revolución cubana, que la escultura fuera expuesta en Nueva York. Entonces, Robert Moses, comisionado de Parques de la ciudad de Nueva York, recibió una orden de detener el proceso. El Departamento de Estado le indicó -hasta nuevo aviso- no erigir la estatua, porque el Monumento podría significar un respaldo a la naciente revolución cubana.

Por esta misma razón, este momento pudiera ser perfecto.

Eusebio Leal, intenso y erudito Historiador de la Ciudad de La Habana, explica su significado: “Reafirma que más allá de los extravíos, de las política erráticas, más allá de los que tratan de destruir los puentes, de destruir la comunicación, persiste entre las naciones y entre los hombres algo que Benito Juárez señalaba con intensidad: el respeto al derecho ajeno es la paz”.

Hoy por hoy, los cubanos también admiramos un regalo de la artista en el complejo escultórico “El relevo”, ubicado en la intersección de la Avenida 20 de Mayo y Calzada de Ayesterán, próximo a la Plaza de la Revolución en La Habana.

Y es que Hyatt, la creadora del Monumento a Martí, es admirada por su espíritu altruista. Aportó para la creación de 15 Museos y el primer jardín escultórico de Estados Unidos de Carolina del Sur. Ésta, es una muestra más de cómo el arte expresa con la solidez de los metales, los indestructibles lazos entre dos pueblos que han pretendido separar.

Huntington terminó la estatua en 1958, a la edad de 82 años. La escultura de bronce fundido costó $200,000 de la época y fue su último proyecto de escala monumental como un tributo a Cuba.

En Nueva York, fue erigida sobre un pedestal de granito negro, de cinco metros de alto por 2.5 metros en cada lateral; el diseño fue de arquitectos Clarke & Rapuano, a un costo de $100,000 “donados” por el General Fulgencio Batista.

Entonces, la inscripción en español decía: “José Martí: apóstol de la independencia / de Cuba guía de los pueblos / americanos y paladín de la / dignidad humana su genio / literario rivaliza con su / clarividencia política nació / en Habana el 28 de enero de / 1853. Vivió quince años de su / destierro en la ciudad de Nueva / York murió en el combate de / Dos Ríos provincia de Oriente / el 19 de mayo de 1895”.

Fue inaugurada un martes 18 de mayo de 1965, a las 11 a.m, no sin varias tropelías previas para la instalación del monumento. En el Ayuntamiento de Nueva York –bajo el gobierno del alcalde Robert F. Wagner– algunos exiliados sostenían que “Martí era lo contrario de Castro”. Finalmente frustrados, terminaron mutilando un vaciado en yeso de un modelo de la escultura. Un Monumento que expuso las luchas intestinas de emigrados patriotas residentes en los Estados Unidos y otros que intentaron apropiarse de ella ilegalmente. Todo un escándalo de la época.

El Martí, quizá como lo vieron algunos, un héroe moribundo, generó mucha controversia. Tanto así, que la obra de Esteban Valderrama, (Matanzas 1892- La Habana, 1964) autor del óleo que inspiró a la escultora, generó malentendidos. Se dice, destruyó su cuadro ante las controversias por su interpretación de la muerte de Martí.

El Martí, visto como mártir, continúa dando fe de su idea liberadora. Así lo expuso Anna Vaughn Hyatt Huntington. La artista, recibió por ello en 1965, la medalla de la Ciudad de Nueva York y es gracias a su empeño que se ubica en el lugar ideal, entre Bolívar y San Martín.

Pero para tener tan inspirada imagen en La Habana, como el espíritu azaroso de Martí, el propósito encontró muchos obstáculos. Negaciones de permisologías por parte del gobierno de los Estados Unidos, de diferentes Alcaldes de la Gran Manzana, el gran impedimento económico, la dificultad tecnológica para reproducirla, término impuesto por las autoridades y la inexistencia de las relaciones diplomáticas entre ambos países.

Fue entonces que, inspirados hálitos de lucidez y cooperación, allanaron el camino. El Historiador de La ciudad de La Habana, estableció relación con Bill de Blasio, alcalde de Nueva York, idea expresada al expresidente Barack Obama y al exsecretario de Restado John Kerry, en el plazo en que duró “el idilio diplomático” con Cuba.

La Directora del Museo del Bronx, ya fallecida, Sra. Holly Block, inició la recaudación, con un grupo denominado “Amigos de José Martí”, a la que aportaron innumerables instituciones; pero eran necesarios 2 millones de dólares para ello. Una dama mexicana, no identificada, aportó lo que faltaba. Así mismo, como siempre fieles, parte de la emigración y colaboradores patrióticos de Cuba.

Ahora, como entonces, Martí une a la nación donde vivió por 15 años, y a la que le dio su vida.

Como en aquel tiempo, los humildes contribuyeron. Tal como aquellos tabaqueros de Tampa que tanto aportaron a su causa liberadora, hasta los artistas e intelectuales, que validaron entonces y en el presente, su liderazgo ideológico.

“Hay que luchar para que resplandezca. No tenemos lo que necesitamos para la resurrección de la ciudad pero sí debemos hacer todo lo posible para que logre representar ante el mundo lo que ella significa”, afirmó Eusebio Leal, a quien le debemos, en justicia poética, una gran reverencia.

De los 500 años de La Habana, próximos a cumplirse en 2019, 165 le corresponden a la vida de José Martí. Hoy, con su monumento ecuestre en La Habana, que carga como su nombre, la inevitable metáfora de esta historia.