Por: Juan Rozo

Siempre he pensado que Boyacá es una de las tierras más hermosas de Colombia. Desde sus nevados de La Sierra hasta las llanuras que se extienden hacia Casanare y Arauca, esta región merece ser descubierta en cada rincón de sus 123 municipios.

Sin embargo, más allá de los paisajes, se esconden las vidas de unos grandes guerreros. Esos que transportan cantinas de leche, carne, sacos de papa y hasta a sus familiares en un particular vehículo de dos ruedas: La Bici. Estos guerreros implacables son piezas de arte que van más allá del deporte y la competencia. Ellos motivan día a día las ilusiones de nuestros jóvenes deportistas, que crecen y viven en la región de la que vienen los mejores ciclistas de Colombia. Esas son las montañas boyacenses.

El 6 de diciembre tuve la dicha de conocer a Fabio Parra, una gran inspiración para el libro ‘Boyacá en Bicicleta’, de Juan Camilo Urrego, precisamente en el lanzamiento de esta obra. Un texto que narra la historia de los caballitos de acero en Boyacá. Las historias pasan por su presencia en cada casa de campo, ya sea para llevar domicilios, visitar familiares, ir a la escuela, cargar cebolla, pan, etcétera. Sea de ruta, panadera, monareta o todoterreno, la ‘burra’, como la llaman algunos, hace posible escalar montañas, coronar altos y también impregnar sus días llevando en la sangre el lema del deporte para vivir.

Un anécdota particular surgió en las montañas de Ramiriquí, en donde un grupo de tres ciclistas semi-profesionales de ruta realizaban un entrenamiento periódico. De repente apareció un joven de sólo 15 años con una bici todoterreno de acero y con una cantina de leche a cuestas. El joven, sorprendido, quiso entablar una conversación con los “icónicos” ciclistas:

-Buenas ¿Cómo están? ¿Qué hacen?

Uno de ellos mirando la bicicleta de baja gama del joven respondió en un tono arrogante y arribista sin siquiera saludar: – Entrenando por acá.

-Ah ¡qué bueno! ¿Y hasta dónde van?

– ¡Quite Chino! Responde el mismo ciclista arrogante dejando perplejo al joven pero con más curiosidad.

-¿Así que ustedes son ciclistas profesionales?

-Pues sí. (Una respuesta con ego del tamaño de una catedral)

– … Silencio…

– ¡Pues alcáncenme si pueden!

En este momento el joven descarga su energía cuesta arriba y ninguno de los tres tiene el mínimo chance de seguirle el paso. Ya en el alto, los espera con una mirada noble y sensata para emprender el descenso y dejarlos atrás definitivamente con el peso y la velocidad que le da su cantina de leche…

Esta es la historia del ciclismo más allá del deporte…