Por Rodrigo Ichlievski*

*Airton José Padilla dice que creó, al mejor estilo de Pessoa, el heterónimo de Rodrigo Ichlievski para dar cuenta de un periodista que siempre está en el lugar de la noticia, algo que tal vez él quisiera ser pero que posiblemente no lo logre por los planes extraños que a veces nos tiene la vida. Rodrigo es un periodista colombiano de padres rusos que nació en la antigua Unión Soviética y ha tratado de dar cuenta de lo duro de este mundo a través de sus escritos.

Cuando estaba trabajando me costaba levantarme. Es horrible levantarse a las 5 de la mañana, escuchar la alarma y terminar ese romance entre la cama y yo. Es tan horrible tener que sufrir este divorcio diario, pero, no te preocupes querida cama: este amor no lo terminará nadie.

Me voy a levantar tarde, lo sé. Es un placer que solo hago los domingos cuando hay fútbol o cuando quiero ver algo en la tele que no me aburra. Afortunadamente renuncié al trabajo donde estaba porque la paga, sinceramente, era muy mala. En fin… hablemos de la cama.

Lo hermoso de estar en la cama, es que puedo soñar cosas que nunca he imaginado que puedan ocurrir, soñar por un momento que todo lo que habías deseado ser cuando eras niño se te hacía realidad. Pero, así como hay sueños bonitos, hay pesadillas. Cosas que uno jamás quisiera soñar y que te levantan de golpe de la cama. Hace tres noches me pasó: soñé que jamás volvería a ver a mi madre porque le había pasado algo malo. Asustado, la llamé, le conté lo que había soñado y le dije llorando “te quiero mucho, mami”. Al día siguiente fui a visitarla.

Luego de esa traumática experiencia y mientras hacía algunas actividades como visitar a viejos amigos y a excompañeros de trabajo, no veía la hora de ir de disfrutar los placeres que la cama ofrece. La cama es ese lugar donde todo el trajín diario y los problemas quedan atrás. Te quedas dormido y te olvidas de todo. Caes en ese mundo imaginario donde te envuelves en historias y experiencias que te hacen vivir sensaciones únicas.

El colchón, al igual que las llantas de los carros, se desgastan con el tiempo, piden cambio. Estimado colchón: cumpliste tu labor aquí durante 10 años. Fuiste testigo de mis sueños más bonitos y feos, me acompañaste a lugares que mi mente soñadora jamás me llevaría. Pero, viejo, ya es hora de que te pensiones. Tranquilo: no te tiraré a la calle como hacen algunos, ni te cortaré de manera quirúrgica como hacen otros. Me gustaría que, así como resguardaste mi sueño en estos años, cuides ahora del sueño de Napoleón, mi perro, y de los hermosos cachorros que tuvo con Bárbara, una perrita que me encontré hace 6 meses.

Hoy iré a comprar un nuevo colchón, ese que me acompañará durante los próximos 10 años mientras que la cama y yo todavía sostenemos este romance. Cama, vas a tener nueva compañía, te daré un colchón que se pueda adaptar a ti y que cumpla con tus expectativas.