Poemario del Coñocimiento de Tina Pit

* Jorge Hernán Arce, también conocida como Tina Pit, es una artista visual que dirige Ciudad Disforia, laboratorio de exploración artística y de género que, a través del ejercicio de la disociación simbiótica y la práctica artística transdisciplinar, busca generar estrategias de subversión para desestabilizar y abolir la idea de las identidades estáticas que regulan nuestros cuerpos, dentro de un contexto social heteronormativo y patriarcal.

El Cabaret, el teatro, la fotografía, el video, el performance y la poesía son los medios a través de los cuales la desarrolla sus propuestas, desde el año 2013. “No soy una bomba, soy un poema”, es una de sus frases legendarias. 

Pagina Web:http://ciudaddisforia.tumblr.com/

 

1.

Esta manía mía
De caminar rota
De agrietarme las grietas
Derramarme a gotas

2.

Por detrás…
fue por detrás
yo tan chiquitica
y sin poder ser grito
y en la boca
una mordaza dactilar.

Fue después…
Solo  después que
me di cuenta del vacío
cuando su presencia
fue  perfecta ausencia,
extraña
llena de ansiedad
deambulaba
como un eco ahogado
en un pasillo oscuro,
un vacío que tenía que llenar.

Fue entonces…
solo entonces
cuando mi cuerpo
fue más grande que el miedo
cuando de tanto silencio
solo pude hablar en verso
cuando la corriente de viento
me atravesó,
en una erigía de silbidos
supe
que caminada resquebrajada
fracturada
y que había superado la fragilidad.

3.

Yo
hija de madre soltera
hoja de filo al revés
in-versa
me hice poema
torcida como la raíz.
Maniática y compulsiva,
deambulo
quebrada y rota
feliz de
agrietarme las grietas
y que la luz se descomponga
en las espectrales
aristas de mis fisuras
afiladas y peligrosas.

4.

Hacía frio,  me caí…
Siempre fui frágil,
a través de mí
fluyeron las corrientes de aire.

Silencio,
al final del grito
descendí
hasta las profundidades del precipicio
donde el vértigo cede ante el vacío
y la gravedad es una silenciosa sábana
con olor a hierro.

Ahogué el lamento
y mis dedos se clavaron
al recuerdo
del tacto frondoso
rugoso
tosco
del tronco del árbol
donde aún el columpio vacila dudoso.

Después de un tiempo
entendí,
que había sido hecha de suspiros,
frágil,
una respiración entrecortada,
transparente,
atravesada fui por miradas,
las balas despistadas
se estrellaron con mi rostro.

Escarbé
pero el vacío era convexo
pasaba el tiempo,
escuché
el silencio después de los excesos.
Estaba oscuro,
imaginé
que mi rostro no tenía ojos.

Había eco,
entendí
que el sonido era el recuerdo
apreté los puños,
temí
que la niña no desenterrara la muñeca
nunca más.

Antes de caer
corrí,
a pesar del peso
mi cuerpo levitaba,
como un globo de helio
las nubes me llamaron
pero la tierra
que dragaba  mis uñas
extrañaba al suelo.
Cerré los ojos
y esperé ser
más pequeña que la grama
y olvidé  los parpados.

Cuando abrí la boca
estaba cubierta de tierra,
no eran raíces mis venas secas
y ya no podía nombrar las cosas,
las palabras
se habían atragantado
con mi lengua.
Y aún pesaban sobre la tierra
las huellas de sus botas.

Asustada,
me imagine a mí misma
como una semilla
por dentro toda seca.
Vaciada o llena de vacío,
ingrávida, herida, quebrantada
esperé a que se agotaran los suspiros
por las grietas de mi piel resquebrajada.