Por: Fernando Demetrio Parra

 

#1 No copiarás, si robarás.

En los alrededores a la plaza del Siete de agosto, Bogotá, tres de la tarde (sin almorzar)

Lo abordé sin pensármelo mucho, le agarré del brazo, se notaba macizo, aunque no de gimnasio. Cuando volteó pude ver su mala cara. Lo sé, a este hombre la vida le ha pasado por encima. Le pregunté sin vacilar… ¿eres tú o eres su hermano? Permanecí mirándolo al rostro y pude comprobar que tenía el tatuaje de lágrima en su ojo derecho, aunque un poco desgastado pude reconocerlo; no era él, era su hermano.

El tipo se sacudió mi mano como una media, luego avanzó su brazo derecho y me tomó del cuello de la camisa con tal fuerza que poco a poco comenzó a levantarme del suelo. Mientras lo hace va llevando hacia atrás su puño cerrado, yo cargo el revolver en el bolsillo derecho de mi abrigo ¡click! y le digo… “solo quería preguntar”. Me devuelve a mi sitio. “Soy amigo de tu hermano”, le digo mientras pongo mis ropas de nuevo en su lugar y relajo el revolver. Llevo la otra mano al bolsillo del gabán, tomo y le muestro una fotografía.

¿Dónde es ese lugar? – le pregunto.
Es acá, detrás de casa – me responde.

Qué mala suerte, el de la foto debe ser él y no su hermano; “déjame verlo” le digo y veo el lugar, es el mismo.

Me pongo a pasear por el barrio, no sé qué hacer y se me acaba el dinero, veo una pollería, un café, una tienda, gente en la calle revoleando su celular, creo que voy a comer medianamente bien por última vez con lo que me queda de lo del gringo, además ya trabajé bastante por hoy.

Pensar que si no hubiera sido porque llevé la weapon, me cargan a puñetazos. Voy a bajar la intensidad, aunque no hubiera ido tan de frente, la pólvora igual te facilita la cosa, va tocar sacar más la pistola.

¡Mierda! tengo que ir a sacar la ropa de la lavadora del edificio, otra vez me va a joder la vieja esta ¡Jueputa!

Salgo corriendo, pero a los pocos pasos reduzco drásticamente la velocidad, si igual tengo que ir a que me maten, mejor voy bien preparado. Paso por una tienda y compro media de aguardiente, cuatro cervezas y un paquete de Mustang rojo. Ya cerré la oficina, voy a embriagarme y a pensar cómo sacar el caso de las viejas estas que no me dejan en paz con el sobrino que les robo ese puto cuadro de la casita de familia estilo republicano antiguo, con la luz de la mansarda levemente iluminada y no sé qué más detalles pendejos que me han contado de cómo era, tendría que ir a donde está ese tal sobrino, darle un par de bofetones y afanarle el cuadro. Ridículo pedazo de mierda, mira que robarle a un pobre par de vejestorios, será malparido.


Hospedaje “La luz” Chapinero, Bogotá, diez de la noche (después de ver los Simpsons)

¡YOU TALKING TO ME! ¡Arrr you talking to me! ¡click! ¡click! ¡click! ¡FUZZz! Creo que quiero dispararla, en realidad nunca la había usado, se sintió bien y además como todo un duro, manejé la situación perfectamente. Me voy a poner otro chorro. Con razón dicen que las armas y alcohol son mala combinación, con razón fumo tanto.

¿si disparara esta mierda? ¡Mierda! Ni siquiera tiene balas.

Algún día tendré que probarla. No creo igual encontrar otra situación similar, el sobrino no parece mayor amenaza, además si se la muestro va a ser bastante obvio, puedo meterme en un problema, solo voy a intimidarle.

En la madrugada de esa misma noche.

-“Qué tal Sergio como estas”
– ¿Usted sabe las horas que son?,
– “Ya, pero tenía algo importante que contarte sobre tus tías”
– ¿Ah? ¿finalmente lo admite?
– “No he dicho que trabaje para ellas, pero sé algo relacionado que te puede interesar”
– ¡QUE BERRACO! No joda, entre a ver.

Llegamos a la sala, un cuarto amplio con un par de sillones enfrentados y el cuadro encima de una gran chimenea de mármol, huele tanto a papel moneda que me dan ganas de vomitar, aroma a millonario creo que se llama.

Mire don detective privado, le voy a pasar quinientos mil pesos, por última vez, si no voy a joderlo realmente, ¡a joderlo! ¿si me entiende? “No Sergio no me mal entiendas, no te voy a pedir más plata, ya completé lo del arriendo, cosa que te agradezco y que te iré pagando de a pocos, como sabes no estoy en mi mejor momento en el negocio”.

“Mira yo lo que quiero es acabar con esto en buenos términos, ese par de viejas están con un pie en la tumba, yo por otro lado ya no tengo paciencia para estos casos”.

¡Click!

– “Me está diciendo que si no le doy el cuadro, ¿me va a matar?”
– “No, lo estoy intimidando y creo que ha funcionado… hoy me lo preguntaba”
– “¡Dispáreme!”
– “No hay caso, está desarmado”.

En seguida Sergio se me echa encima, me golpea sin que me lo espere, caigo sentado en el sofá, mientras me compongo busco en mi abrigo el revólver, no lo encuentro. Esos bolsillos son interminables. Me levanta con sus dos manos del cuello y me da un golpe que me devuelve al sillón, aprovecho el impulso y doy una vuelta completa por arriba del respaldo del mueble y caigo finalmente atrás de este con el abrigo sobre la cabeza, de repente, ¡TAKtak! La pistola cae, Sergio se trata de acercar, pero tengo brazos largos, recojo el arma y nos calmamos.

“Ahora”, le digo, “me voy a llevar el cuadro”. Me acerco a la chimenea lenta pero decididamente mientras devuelvo el revolver al bolsillo, muy lentamente, lo vigilo por encima del hombro mientras tomo el cuadro. “Bueno”, le digo, “agradezco su cooperación” “y los quinientos mil pesos”

– “Prométame Tony que nunca más voy a tener que verlo”.
– “No puedo, no soy responsable por eso”.

Esta es su casa, pero la verdadera se está cayendo, se derrumban, la casa en polvo y ellas en la tumba. “Le vamos a pagar a un pintor, para que cuando fallezcamos nos integre en este cuadro, en esta pintura”, “¿y quién lo tendría?” “???”. “Alguien se quedaría con esa imagen ¿no?”, “¿pero eso a nosotras que nos importa?”