Por: Yuliana Álvarez Giraldo

Ante el cruce de dos eventos coyunturales en Suramérica, esta pregunta, que empezó a delinearse hace tiempo atrás con el transcurrir de distintas vivencias, se hizo consciente y empezó a interpelar mi mundo. Ojalá y también lo haga con quienes estén leyendo estas líneas: ¿Qué tal si además de renovar nuestros sueños, empezamos el 2018 haciéndonos algunas preguntas?

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El 6 de septiembre de 2017, se abarrotaban miles y miles de personas a ambos costados de la Av. Cll. 26, desde el Aeropuerto hasta el Centro Internacional, en Bogotá. Todos los medios de comunicación colombianos registraban únicamente un hecho: la visita del Papa Francisco y la convulsión que vivía el país ante el acontecimiento.

Mientras tanto, la otra punta del subcontinente, el país natal de Francisco, también se encontraba convulsionada, pero por la pregunta: ¿Dónde está Santiago Maldonado? Un joven de 28 años que desapareció durante la represión de Gendarmería (Cuerpo policial formado por los gendarmes) a la protesta de la comunidad Mapuche Puh Lof en Resistencia, el 1 de agosto en Cushamen, Chubut.

Lo que llama la atención es que la desaparición forzada de Santiago trascendió a la sociedad argentina antes de convertirse en un tema mediático. La gente se tomó masivamente las redes sociales y salieron miles a las calles en más de una ocasión, para exigirle al Estado el regreso con vida del joven. El 1 de septiembre, a un mes de su desaparición, la marcha fue multitudinaria.

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Ante el cruce de estos dos eventos esa primera semana de septiembre, la pregunta ¿Qué nos moviliza? se hizo consciente y empezó a interpelar mi mundo, en un contexto específico, Colombia: el séptimo país con el mayor número de católicos en el mundo y el mismo que ha estado sumido en una guerra interna por más de 50 años, una de las más prolongadas de la historia de América Latina. Y que medio siglo después, hace intentos por transitar un proceso de construcción de Paz, en un camino atropellado y lleno de obstáculos.

Justamente, la fragilidad del proceso de Paz fue la razón de la visita del Papa. Y no por nada su lema fue “Demos el Primer Paso” y su objetivo el de “Blindar los Acuerdos de Paz”; mientras que los mensajes que pretendió transmitir a la sociedad colombiana, a través de las misas, o cada que tuvo oportunidad, estuvieron íntimamente ligados a estos propósitos, los de sumar adeptos al proceso de paz y proteger los Acuerdos.

Varios de sus mensajes calaron hondo y aún hoy resuenan. “No se dejen robar la tranquilidad, no se dejen robar la alegría y no se dejen robar la esperanza” o “estén atentos a los frutos, cuiden el trigo y no pierdan la paz por la cizaña”, este el mejor de todos porque rápidamente la sociedad colombiana lo asoció al senador del Centro Democrático, Álvaro Uribe Vélez, que tantas zancadillas le ha puesto a los Acuerdos. La gente se apropió del término de tal forma que así empezaron a nombrarlo: Cizaña, una especie similar al trigo pero con un principio tóxico, que todo lo corrompe. Le llaman también “falso trigo”.

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Sólo en 2017, puestos en marcha los Acuerdos de Paz y en un contexto de posconflicto, fueron asesinados 57 lideresas y líderes sociales -esto a noviembre (aunque según la Confederación Comunal Nacional, a diciembre fueron asesinados más de 120)-. A pesar de que la masacre no cesa, el gobierno es incapaz de reconocer que los asesinatos son sistemáticos y de tomar medidas efectivas.

Como si fuera poco, la represión de la fuerza pública sigue siendo brutal (y criminal): en Tumaco, por ejemplo, masacraron a siete campesinos (los sobrevivientes señalan a la policía) por protestar contra la erradicación forzada de plantas de coca. No bastó con los más de 3.500 falsos positivos: más de 3.500 vidas de personas inocentes arrebatadas por el ejército para presentar como bajas a cambio de recompensas.

Las víctimas de desaparición forzada oscilan entre 80.000 y 120.000 (¡Sólo entre 2007 y 2016 desaparecieron 71.000 personas!). El 99% de los casos reposan en los archivos de la Fiscalía sin ningún castigo: por algo nos “ganamos” el octavo puesto entre los países con mayor impunidad del mundo. Imagínense, uno ir tocando puertas por más de 20 años para dar con el paradero de familiares, y NO ENCONTRAR respuesta.

Marcha maldonado 2

FOTOS: Sergio Serrano

Volvamos sobre la desaparición de Santiago en Argentina: pasados dos meses, miles de argentinos se movilizaron de nuevo el 1 de octubre y la presión social dio resultado. Once días después el cuerpo de Santiago fue hallado, lamentablemente sin vida, en un contexto desconcertante: faltaban dos días para las elecciones legislativas. La gente volvió a ocupar las calles, esta vez para acompañar a la familia Maldonado, para encontrarse con ella en el dolor, la indignación y la impotencia. Para reclamar justicia.

La poderosa fuerza que instó a la sociedad argentina a movilizarse fue la conciencia colectiva de repudio e indignación que se logró forjar ante la desaparición forzada de 30.000 personas a causa de la dictadura, y que se mantiene elevada y vigente por la consigna #NuncaMás.

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Aunque Argentina y Colombia tienen historias distintas, a veces ayuda mirarse a través de los ojos de otro para encontrar respuestas, o tal vez sólo para empezar por hacernos las preguntas necesarias. Cómo estamos ejerciendo, reivindicando y defendiendo nuestros derechos; qué nos pasa con la vida y con la paz, principios vitales para plantar una sociedad. Qué nos moviliza.

Movilización por Tumaco, el 9 de noviembre en Plaza Bolívar.

Necesitamos recuperar el sentido de la movilización, un derecho fundamental y uno de los mecanismos democráticos más poderosos para manifestarnos: un ejercicio necesario para la realización de la democracia y el afianzamiento de la soberanía popular.

Sobre todo, necesitamos con urgencia del encuentro para rehuir el abandono y la soledad a las que conmina la indiferencia, y para abrazarnos ante esta realidad de barbarie que nos supera y paraliza. Para recomponer nuestra conciencia del valor de la vida, y para indignarnos y defenderla frente a cualquier acto que atente contra ella.

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Todavía me inquietan las dimensiones de la multitud que generó la visita del Papa, sobre todo pensar qué nos movilizó ¿Su mera figura o el contenido de su mensaje? Sea cual sea la respuesta, fue maravilloso ver y sentir a las personas compartir el mismo sentimiento de convicción y alegría. Brindo porque en el 2018 nos encontremos de nuevo, despertando nuestra conciencia colectiva.