Por: Wilder Bernal

Quién diría en 1995 que el pequeño festival donde asistieron aproximadamente 6.000 personas cumpliría 24 años de forma ininterrumpida gritando rock y se convertiría en el festival gratuito al aire libre más grande de Latinoamérica.

En esta edición del 2018, Rock al Parque cerró con una asistencia de más de 185.000 personas, entre nacionales y extranjeros. Quienes vibraron y movieron sus cabezas, con las actuaciones de las 55 agrupaciones que se presentaron en tarima.

Y bueno, si bien estos datos son importantes y relevantes, la verdad es que el festival va mucho más allá de todo eso. Es el fin de semana donde se reúnen los amigos de toda la vida y también los que se están empezando a conocer, allí van los enamorados, pero también va el güevón que le tocó solo.

Al Parque Simón Bolívar, para los que no conocen es donde se realiza el festival, asiste desde el personaje más revolucionario después de Marx, así como el gomelo que le cuesta compartir en las aglomeraciones. Va el ateo y el que no capa domingo en la iglesia (solo ese domingo, si va a rock al parque). Va el que se droga y el que no bebe, ni sé traba. Un espacio pluricultural que demuestra que si es posible un país en el que quepamos todos.

Día 1

Como es habitual, el día sábado es dedicado a lo mejor del metal distrital, nacional e internacional. Al llegar al parque nos invitaron a conocer “el triángulo” un lugar ya emblemático para los seguidores del género que queda al frente del jardín botánico y donde hacen la previa. Allí se reúnen algunos para compartir unas cervezas, y uno que otro trago más fuerte.

Luego de la previa, que para algunos termina siendo el final del encuentro, porque se pasaron de tragos o se mal viajaron, nos fuimos a cubrir el evento. Llegamos a ver el show de los 30 años de Masacre de Medellín, una de las bandas, más icónica del Death Metal Colombiano y uno de los referentes más grandes a nivel mundial del metal latinoamericano liderada por la voz de Alex Okendo y su “qué chimba hijueputa”, Quien nos confesó con algo de nostalgia, que no sabe en qué momento ha pasado tanto tiempo y que su influencia más grande y además notoria en sus letras, es la realidad del país.

Vimos también a dos de las bandas suecas más importantes y legendarias: Dark Tranquillity y Dark Funeral que con un show de luces impecables y sonidos que hacían vibrar todos mis órganos cerraron ante los aplausos de 75 mil asistentes que batieron el record de asistencia en el día 1.

Día 2

El domingo el turno fue para el Hardcore, Metalcore, además de algo de punk y un poquitito de ska. De las propuestas más interesantes fue la de la agrupación estadounidense Walls of Jericho, banda que se separó en el pasado reciente cerca de dos años dado que la vocalista y líder Candace Kucsulain se convirtió en madre y se había dedicado a este oficio de tiempo completo. También nos volamos un rato al escenario lago para ver a Antibalas (EE. UU.), orquesta afrobeat de Nueva York, fusiona desde 1997 la percusión africana, el rock, el funk y el jazz.

Elegir la banda de cierre este día fue bastante difícil, así que decidimos estar presentes en los tres escenarios. Primero vimos en el escenario Plaza la presentación de Suicide Silence quien con demoledor sonido incentivaron a los asistentes a realizar el “Wall of Death” que consiste en dividir el público en dos mitades que esperan la señal de la banda, por lo general, para chocar a golpes, haciendo rememorar las épocas medievales cuando los ejércitos se enfrentaban, definitivamente algo brutal.

En el Escenario Lago tuvimos la fortuna de ver a Dancing Mood, agrupación argentina, que con una descarga de sonidos del ska instrumental pusieron a bailar a los miles de asistentes. Así mismo en el escenario Eco, se presentaban las Pussy Riot una de las agrupaciones más mediáticas de los últimos años. Sin embargo, su presentación dejó un sinsabor entre los asistentes, ya que era evidente la baja calidad, además nos enteramos que gran parte de las que lideran el colectivo estaban en otra parte del mundo haciendo también una presentación.

Dia 3

El día de cierre del festival estuvo cargado de buena vibra y diferentes sonidos que expresan la diversidad del festival. Hacia la una y media de la tarde el escenario Plaza le abrió las puertas a una de las bandas ganadoras de convocatoria: Ginger y Los Tóxicos, quienes presentaron un show cargado de contenido social y lucha por la equidad en el país, sin duda una de las grandes sorpresas de esta edición número 24.

También vimos a las ya legendarias bandas nacionales Nadie y Mojiganga desde Medellín, y a Skampida, desde Bogotá, que no defraudaron con su show, sumadas a las propuestas Tokyo Ska Paradise Orchestra y Pennywise, este último el encargado de cerrar esta edición y que abre desde ya la expectativas a lo que seran los 25 años de este festival.

Esta banda punk originaria de california dio un concierto generoso en el que mezcló sus hits a covers de los Beastie Boys, The Ramones, Bad Religion, entre otras.

Nada que agregar, un cierre que no defraudó a nadie. Demostrando así que no se necesita la aparecieron de ídolos populares para llenar la Plaza.

Nos despedimos de este festival que nos da un ejemplo de pluriculturalidad, donde todos cabemos a pesar de las diferencias y más si estamos dispuestos a gozar.