Nota y fotografías: Ricardo Hernández

El Día Internacional del Trabajo es un momento del año que está lleno de simbolismo. Cargados de colores, muchos salen de sus casas para encontrar en la ciudad el eco que semana a semana es apagado por máquinas, ruido de megáfonos, pitos en las vías y  hasta el mismo silencio sepulcral que exige un call center.

En este día se respira una sensación particular de desahogo. La situación mundial, la falta de oportunidades, las injusticias, el acoso, la mentira y la corrupción hacen que las voces y los cuerpos se unan el 1 de mayo para gritarle a la calle lo que se vive detrás de las paredes.

En Colombia la guerra ha estado presente en los habitantes del territorio de diversas maneras: el olvido, la soledad y la represión, son solo unas de esas consecuencias que hostigan diariamente a todos aquellos que se ponen en pie, para ir a conseguir las migajas de las empresas o las pocas monedas que se puedan levantar en la calle pidiendo misericordia.

El simbolismo toma forma, nos representamos en lo medianamente permitido, banderas, chaquetas, parches, colores, trompetas, bailes. Pasa el tiempo, el teatro se toma la calle, las arengas van y vienen pero siempre toman fuerza, la multitud aclama sus virtudes y cuando el éxtasis se toma las sonrisas; la represión llega, se predispone la situación y se arma un show. El aparato de la guerra destruye ese simbolismo, esa figura de ciudadano libre, la figura de la opinión.

La fotogalería que acompaña esta pequeña reflexión nos hace un llamado a NO OLVIDAR. Son fotografías de mi autoría tomadas en la marcha de 1 de mayo de 2008, en medio de la Yidis Política y las eternas investigaciones de los nexos de la familia Uribe con el paramilitarismo. Esas imágenes del 1 de mayo, nos recuerdan a la Unión Patriótica desaparecida sistemáticamente, recuerda los bajos salarios y las diferencias sociales que son marcadas por la corrupción de los mandatarios y la violencia del sistema militar del país, a la vez hace un llamado al respeto que el pueblo y su voz merecen.