Por: Wilder Bernal

Llegó la Semana Santa, momento de reflexión para los fieles creyentes pero también tiempo de descanso para trabajadores y estudiantes. A todas esas almas aventureras, o que buscan compartir un espacio con sus familias y amigos, les traemos tres lugares para visitar en estos días, sin necesidad de gastar mucho dinero.

La Cátedra de sal de Zipaquirá

Empezamos con un templo construido en el interior de las minas de sal de Zipaquirá, a 180 metros bajo tierra. Encuentre este espacio alejado de lo cotidiano en el interior de una montaña. Uno de los santuarios católicos más célebres del país, que hace memoria del Viacrucis de Jesucristo.

Este lugar único en el mundo, está a dos horas y media de Bogotá. Allí hay una gran colección de imágenes religiosas talladas en roca salina y mármol. Recorrer la Catedral de Sal toma cerca de una hora, ella atrae a diario a cientos de peregrinos y turistas.

Entre las esculturas hermosamente talladas por artistas y mineros se destaca el Ángel Guardián, del escultor italiano Ludovico Consorte, y la enorme cruz del Nártex. Otra de las grandes atracciones es el espejo de agua que por el rebote de luz da un efecto óptico fascinante. La mina cuenta con guías que pueden generar una experiencia aún más segura y contextualizada.

Este lugar único en el mundo, está a dos horas y media de Bogotá. Allí hay una gran colección de imágenes religiosas talladas en roca salina y mármol. Recorrer la Catedral de Sal toma cerca de una hora, ella atrae a diario a cientos de peregrinos y turistas.

Entre las esculturas hermosamente talladas por artistas y mineros se destaca el Ángel Guardián, del escultor italiano Ludovico Consorte, y la enorme cruz del Nártex. Otra de las grandes atracciones es el espejo de agua que por el rebote de luz da un efecto óptico fascinante. La mina cuenta con guías que pueden generar una experiencia aún más segura y contextualizada.

El Salto del Tequendama

Otro de los sitios místicos, pero en este caso no desde el punto de vista religioso, sin lugar a dudas es el Salto del Tequendama, también  llamado “El Lago de los Muertos”. Una cascada natural de 156 metros de alto, ubicada en el municipio de Soacha a unos 30 km del suroeste de la capital.

Seis segundos de caída libre se demora un cuerpo cuando decide saltar desde la piedra del suicida hasta el hoyo negro acuático. Este paisaje, de los más bellos de Colombia, escribió por décadas historias trágicas de cientos  de suicidas bogotanos,  también llamados, los clavadistas de la muerte.

Frente a este lugar lleno de historia hay una casa que fue construida con el propósito de que fuera una estación del tren a mediados de la década de 1920, pero como nunca hubo tren sirvió de restaurante, de hotel y, por último, desde el 2010 funciona como museo. La casa de los misterios dejó atrás los fantasmas y hoy en día, contradiciendo su historia, nos habla de vida y cultura.

Pueblo de Guatavita

Este hermoso pueblo era capital religiosa de los Muiscas, en cuya laguna sagrada celebraban la más ostentosa de sus ceremonias, que dio origen a la leyenda de El Dorado.

Cabe aclarar que el antiguo pueblo fue inundado hace 40 años para crear el embalse de Tominé; El Nuevo Pueblo de Guatavita se construyó en la parte alta de la montaña donde reubicaron a los lugareños y tiene un diseño colonial de arquitectura blanca y tejas de barro.

Para llegar desde Bogotá debe salir por la Autopista Norte, tardará alrededor de dos horas y no sé arrepentirá una vez esté allí.  Una vista sin igual, actividades como senderismo, cabalgatas, camping y deportes acuáticos como vela, kayacs y esquí hacen parte de lo que podrá disfrutar. Para los amantes de lo místico también hay planes de excursiones por la zona, incluida la visita a la antigua laguna sagrada.

Con un presupuesto promedio de 100.000 pesos por persona podrá conocer cualquiera de estos mágicos lugares. Lo invitamos a “darse la rodadita” y desconectarse del agotamiento que produce la ciudad.